Los gritos de un niño me despertaron y al abrir los ojos vi un extraño brillo en el cielo nocturno de Ar, me asome a la ventana y vi la ciudad en llamas, la gente corría de un lado a otro y cerca de la reja de mi villa un niño lloraba abrazado al cuerpo muerto de un taurentiano, cogí ropas y mi espada y salí a las calles, las brigadas de rojos iban y venían en todas direcciones, en sus rostros se veía el fragor de la batalla, los aceros en el aire estaban bañados de sangre por donde mis ojos miraran, las calles brillaban con el reflejo del fuego sobre la sangre de mis rojos, las mujeres eran tomadas y llevadas como esclavas por los enemigos que se tomaban la ciudad, los estandartes enemigos se veían en todas partes...
Aldebarán de Ar
El Ubar comienza el viaje de regreso a la ciudad que lo vio nacer... Rojos preparaos el aire huele a sangre y el viento trae el crujir de lanzas que estallan contra los escudos del enemigo...
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